|
VI
Por la tarde la memoria se desliza
hasta el jardín. Esa síntesis.
Es como hebras de luz
que disputan ruiseñores y palomas.
También es mansa
o blanca.
Recostado sobre el pasto
el recuerdo reseña días y rostros,
también voces.
Es tan sólo un nostálgico lobo,
un horizonte diario de garras y pinceles,
una información fragmentada.
Es esa nada
hecha de fotos y palabras.
Esa forma
de tratar tiempo y espacio
como si fuesen de bronce
de arcilla
o de arena.
Como el agua
multiplica rasgos y añoranzas
para algún niño
nacido para ver esas cosas.
Guardado en fechas y cajones
es un deseo absurdo
de contar sombras que creemos nuestras,
mientras en el patio nace la luna
y todo tiembla sobre la hierba.
|